La imagen cristalina

descarga (1)

Un buen día te despertaron y no supiste que hacer con tu lucidez.  Todo lo que había sucedido antes de la caída parecía una ilusión colorida. Más dolorosa ahora que la sabías falsa.  La expulsión del paraíso tuvo sus consecuencias: hizo que te avergonzaras de tu desnudez, que adquirieras conciencia de tus placeres,  notaste que tus manos también podían ser garras.  Transfigurada y horrorizada decidiste mirar tu reflejo en un estanque, esa imagen sí la conocías. Eran tus brazos, tus piernas, tu rostro; y aunque hacerlo era como leer la historia de lo que te condujo al fracaso también experimentabas una especie de placer morboso.

Recordar al paraíso era arrancar un pedazo del mismo. Llevarte un trozo en tus entrañas y observarlo fanáticamente. Desde que adquiriste sustancia y habla hasta que probaste del conocimiento, concluyendo en tu caída despavorida.  Te obsesionaste. Repetirías como en un teatro la misma escena una y otra vez. Acumulando fanáticamente simulacros del primer amor perdido.  Tu silencio se volvió desconfianza, te fragmentaste, te hiciste multiplicidad. Desde tu perspectiva te pensabas un cristal refractando la luz, convirtiéndola en una multitud de rayos disparatados.  Cada palabra que emitías significaba una victoria y una derrota. La culminación de un aprendizaje.

Al fin humana. Tenías que encontrar orgullo en ello, así que construiste todo un relato. Pensabas que tu estancia en el paraíso había sido un periodo intermedio.  Como si para ser una autentica persona tuvieras que experimentar las pequeñas tragedias de la gente sin suerte. ..

 

II

Incurriste en mi reino y hablabas la lengua de los exiliados, por eso pude entenderte. Contabas aun con melancolía de ese lugar alto perdido entre montañas sin nombre.  Tus palabras estaban cargadas de experiencia y la memoria en ti aun era nueva. Recordabas nuestro origen con tanta dulzura, hacías gestos y declamabas en símbolos sin siquiera saberlo.  Estaba sobre ti. Como un aroma invisible.  Fue fácil que me parecieras encantadora. No podía evitar sentir la cercanía de tu narrativa y me permití por instantes escucharte.

Tu naufragio era hermoso y tu voz era la ilusión sobre la que monte mi propia desgracia. Tu recuerdo de aquel lugar selecto, prohibido para los que habíamos probado el fruto de nuestra común humanidad despertó algo en mí que creía muerto.  Transfigure en afecto y volví sobre mi reflejo, imitando tus propios gestos.

Había pasado tantos años siendo un sordo cazando ritmo y melodía, buscando en un río caudaloso la imagen cristalina que confundí a una compañera de exilio en una comedia ligera.  Decías entre carcajadas y sollozos que ya nada importaba. Que te pondrías la careta del monstruo hasta que se hiciera parte de tu rostro.  En mi delirio yo pretendía seguir el compás de tu canción extraña.

Baile tu melodía por no sé cuantos días, hasta que el tiempo se volvió irrelevante. Me enamoré de tus locuras, de las defensas exageradas que hacías de argumentos indefendibles, de cómo no sabías modular tu voz y gritabas sin darte cuenta. De cómo despreciabas el amor y sus resultados, de la debilidad que escondías detrás de una falsa fortaleza. Me perdí en tu espontaneidad, de cómo manejabas a los hombres a veces sin darte cuenta y a veces con toda la intención.  Me sentía hechizado cuando te aburría hablar conmigo. Me sentía astuto cada que te arrancaba una sonrisa. ¡Qué adicción tan placentera! Sabía que si no me detenía haría lo que fuera por provocarla. Sin darme cuenta me convertí en tu seguidor.  No quería someterme a la verdad: cualquier cosa que dijeras me hubiera parecido interesante.

Sabía que era un juego peligroso, modelar un nuevo paraíso en este mundo contingente. Tal  es mi arrogancia y entusiasmo que he pretendido crear uno alterno, sin amos ni dioses. Sujeto a leyes idílicas donde el poder es anatema y somos puro espíritu en vilo.  No concebía que mi paraíso pudiera ser también una prisión al ser una definición particular de mis anhelos.

 

III

 

Ahora permanece el futuro en silencio, pero sabemos que después del purgatorio nos queda la profecía como el anuncio de una esperanza.  Para ti, que eres proyección de mi deseo y el muro de mis realidades, solo me resta la anunciación de una esperanza:

Será más de lo que cualquiera pueda imaginar. Un armario que guarda un secreto hermoso. La oscuridad de la ignorancia como una corona que se lleva con orgullo. Hablará con paciencia y no será un adicto a verdades a medias. Esperará  tu llegada y te recibirá sin reproches.

No hablará tanto. Se materializara en las mañanas para despedirse en tu rumbo al trabajo. La pieza perfecta del rompe cabezas. La imagen cristalina. Forma imperecedera en este mundo sin fondo. Una línea que demarca fronteras. El dios de los límites y los portales. Un conducto que produce comunicación sin habla. Pura idea y sensación. Tendrá el cuerpo perfecto, ganara millones y los pondrá a tus pies.  El sueño que deseaste haber tenido. Un magnifico espécimen humano.

Dominara al mundo para ser dominado por ti. El espectro de un padre ausente, realizado. La verdad sucia del mundo digerida y cubierta en antiséptico, con olor a cloro. El color blanco.

En su pecho encontrarás su única deformidad y será una perilla. Cuando finalmente decida mostrártela, después de una ardua iniciación que te deje temblando de las piernas te pedirá que cierres los ojos y la abras.

Entonces sabrás.

Advertisements
Standard

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s